La llama violeta es, en esta tradición espiritual, una luz de color violeta que se invoca con la intención de transmutar: de transformar lo pesado en algo más liviano. Se asocia al séptimo rayo y al maestro Saint Germain. Es una práctica de oración y visualización, no un procedimiento comprobado, y aquí te cuento cómo se hace y qué no debes esperar de ella.
Qué significa transmutar
La palabra viene de la alquimia, y esa raíz explica casi todo. El alquimista no botaba el plomo: lo transformaba.
En esta enseñanza, transmutar no es borrar. No es "limpiarte" de algo como quien quita una mancha. Es tomar lo que pesa —una culpa vieja, un rencor, una escena que se repite en la cabeza a las tres de la mañana— y ofrecerlo para que cambie de forma.
Lo que cambia, en mi experiencia, casi nunca es el hecho. Lo que cambia es tu relación con el hecho. Sigue estando ahí, pero deja de gobernarte.
Prefiero decirlo así, sin adornos, porque he visto a gente esperar que la llama violeta borre un divorcio o una enfermedad. No hace eso. Nunca ha hecho eso.
De dónde viene la práctica
Conviene saberlo. No resta; añade.
La llama violeta tal como hoy la conocemos aparece en la Actividad YO SOY, el movimiento que Guy Ballard y Edna Ballard impulsan en Estados Unidos en los años treinta del siglo XX. Ballard describe encuentros con Saint Germain y de ahí salen los primeros decretos.
Antes está el terreno: la teosofía de finales del siglo XIX, con su idea de los siete rayos, sitúa el violeta en el séptimo lugar, asociado a la libertad y al orden ceremonial. Sobre esa arquitectura escribí en los maestros ascendidos y los siete rayos.
Después, a partir de 1958, The Summit Lighthouse —fundada por Mark L. Prophet y continuada por Elizabeth Clare Prophet— difunde los decretos de llama violeta con mucha fuerza. Es por ahí, sobre todo, que la práctica llegó a Colombia y al resto de América Latina.
Y Saint Germain: hubo un personaje histórico real, el conde de Saint Germain, cortesano, músico y viajero en la Europa del siglo XVIII, del que se contaban toda clase de historias ya en vida. En estas corrientes se le reconoce como maestro ascendido del séptimo rayo. Que la figura histórica y la figura espiritual sean la misma es una creencia de la tradición, no un dato de archivo.
¿Esto es ciencia?
No. Y no pretende serlo.
No hay estudios que respalden la llama violeta, no hay manera de medirla y no hay mecanismo conocido que la explique. No es algo que la ciencia estudie ni pueda comprobar.
Lo que sí puedo decirte con honestidad es lo que observo: sentarse en silencio, respirar despacio, nombrar lo que pesa y sostener una intención amable durante unos minutos le hace bien a la mayoría de la gente. Si alguien quiere leer eso como respiración y atención, me parece perfectamente razonable. Si alguien lo vive como la presencia de una luz que responde, yo estoy más cerca de esa segunda lectura. Ninguna de las dos anula a la otra.
Para qué se usa y para qué no
| Sí se usa para | No sirve para |
|---|---|
| Acompañar el perdón, hacia otros y hacia uno mismo | Conseguir dinero, trabajo o pareja |
| Soltar rumiaciones y culpas viejas | "Quitar la mala suerte" o romper "maldiciones" |
| Preparar el ánimo antes de una conversación difícil | Sustituir terapia psicológica o tratamiento médico |
| Cerrar el día, antes de dormir | Cambiar a otra persona sin que ella lo pida |
| Acompañar un duelo, junto al apoyo profesional | Diagnosticar nada, en nadie |
Esa segunda columna es tan importante como la primera. Si alguien te ofrece una limpieza de llama violeta para "abrirte los caminos del dinero" y te cobra por ello, aléjate. Eso no es esta práctica.
Un ejercicio sencillo, para hacer en casa
Este es el que enseño. No necesitas comprar nada, ni tener formación, ni pedirme permiso.
1. Elige un momento tranquilo. Cinco minutos bastan. Al final del día suele funcionar bien.
2. Siéntate cómodo, con la espalda sostenida. Los pies en el suelo. Cierra los ojos si te resulta natural; si no, baja la mirada.
3. Respira tres veces, despacio, dejando la exhalación un poco más larga que la inhalación. Sin forzar. Solo hasta que el cuerpo entienda que puede aflojar.
4. Nombra una sola cosa. No una lista. Una. Puede ser una escena, una persona, una frase que te dijiste. Nómbrala mentalmente, con la mayor sencillez que puedas: "esto que pasó con mi hermano", "la culpa por no haber estado".
5. Pide. En esta tradición se pide, no se ordena. Puedes usar tus propias palabras. La fórmula tradicional es: "YO SOY la llama violeta en acción en mí ahora." Si ese lenguaje no es el tuyo, cámbialo por el que sea. "Señor, transforma esto en mí" también es una petición perfecta.
6. Visualiza sin esfuerzo. Imagina una luz violeta suave que sube desde los pies y te envuelve, como agua tibia. No la fuerces. Si no ves nada, no pasa nada: la mayoría de la gente no "ve", y el ejercicio funciona igual.
7. Quédate ahí dos o tres minutos. Cuando la mente se vaya —se va a ir—, vuelve a la respiración y sigue.
8. Cierra con gratitud. Una palabra basta. Abre los ojos despacio y toma agua.
Puedes repetirlo a diario si te sienta bien. Si un día no quieres, no lo hagas. Esto no es una obligación ni un contrato con nadie: en esta enseñanza el libre albedrío está por encima de la práctica.
Sobre los decretos
Los decretos son fórmulas que se repiten en voz alta, a veces muchas veces. En la tradición se usan mucho y hay gente a la que le hacen mucho bien.
Yo tengo una prevención y la digo: cuando el decreto pide un resultado concreto —una suma de dinero, que alguien vuelva, que un examen salga bien— deja de ser oración y empieza a ser un pedido con factura. Ahí se pierde algo. Prefiero los decretos que piden cualidades: libertad, perdón, paz, claridad.
Y un aviso práctico: repetir cien veces algo a gran velocidad puede marear. Si te pasa, para, respira y bebe agua. No hay ningún mérito en forzarse.
Lo que veo en la consulta
En Medellín la llama violeta es de lo que más me preguntan. Llega por videos, por grupos de WhatsApp, por amigas que la recomiendan como si fuera un remedio.
Lo que más veo es gente usándola con ansiedad: repitiendo decretos veinte minutos con el cuerpo tenso, apurada, como si hubiera que arrancarle un resultado. Eso me parece exactamente lo contrario de la práctica. Cuando alguien llega así, lo primero que hacemos es respirar, y a veces esa es toda la sesión.
También he acompañado a personas que llegaron cargando algo muy viejo, de años, y que después de un rato en silencio con esta práctica se soltaron a llorar sin saber bien por qué. No sé explicártelo mejor que así. No me atrevo a decir qué lo causó. Sí sé lo que vi.
Y una cosa que digo siempre, con cariño y con firmeza: si lo que pesa es una depresión, un trauma o una situación de violencia, esto acompaña pero no basta. Ahí hace falta un profesional de salud mental, y pedirlo no es fallarle a nadie.
Cómo lo integro con el Reiki
En mi práctica, el Reiki y la llama violeta no son lo mismo ni se mezclan a lo bruto.
El Reiki viene del linaje de Mikao Usui y se trabaja con imposición de manos. La llama violeta viene de otra tradición y es oración y visualización. Cuando las uso juntas, la segunda entra como intención, no como técnica añadida: pido acompañamiento y sigo canalizando.
Si prefieres una sesión sin ningún lenguaje espiritual, se hace y ya está. Aquí se respeta el sistema de creencias de cada quien, incluido el de quien no cree nada.
Para trabajar en casa por tu cuenta tienes también la guía de autosanación. Y si lo que quieres armonizar es tu casa más que a ti, mira limpieza y armonización de espacios.
Preguntas frecuentes
¿La llama violeta quema o hace daño? No. En esta tradición se entiende como una luz, no como fuego físico, y la práctica consiste en sentarse, respirar y pedir. No hay riesgo. Lo único que veo de vez en cuando es mareo por repetir decretos muy rápido durante mucho rato, y eso se resuelve parando, respirando despacio y tomando agua.
¿Cuántas veces al día hay que hacerla? No hay una cifra obligatoria, aunque en algunas corrientes se proponen rutinas largas. Yo sugiero cinco minutos diarios, sostenidos, antes que sesiones de una hora que abandonas a la semana. La regularidad amable hace más que el esfuerzo intenso, igual que en cualquier otra práctica contemplativa.
¿Puedo hacerla por otra persona? Puedes pedir por alguien, como se ha rezado por otros toda la vida. Lo que no me parece correcto es intervenir sobre alguien que no lo ha pedido con la idea de cambiarlo. El libre albedrío es central en esta enseñanza. Pide por su bien, y deja el resultado abierto.
¿Es compatible con ser católico o evangélico? Hay cristianos que la viven como una forma de oración y cristianos que consideran que no deben acercarse. Ambas posturas me parecen respetables y no me corresponde arbitrar. Si tienes dudas, habla con tu guía espiritual antes que conmigo. Lo desarrollo en Reiki y fe cristiana.
¿Necesito velas violetas, cuarzos o algún objeto? No necesitas nada. Una vela puede ayudarte a marcar el momento, igual que el silencio o una ventana abierta, pero es un apoyo, no un requisito. Desconfía de quien te diga que sin cierto objeto —que casualmente él vende— la práctica no funciona.
Aviso
La información de este artículo tiene fines educativos y no reemplaza el diagnóstico, el tratamiento ni el seguimiento de un profesional de la salud. El Reiki es una práctica complementaria: acompaña, no sustituye. Si estás en tratamiento médico o psicológico, continúalo y consulta a tu profesional tratante antes de incorporar cualquier terapia complementaria.
Si quieres acompañamiento para empezar, o simplemente contarme cómo te fue con el ejercicio, escríbeme por WhatsApp al +57 314 811 7561 o por la página de contacto. Sin prisa y sin compromiso.
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Escrito por
Sananda Reiki
Acompañamiento espiritual y terapias de Reiki en Medellín y online.
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