El Reiki no trata ningún diagnóstico infantil. No actúa sobre el TDAH, el autismo, un trastorno del aprendizaje ni ninguna condición médica, y nunca sustituye al pediatra. Lo que puede ofrecer es un rato corto de calma y contacto amable, con el consentimiento del niño y contigo presente en la sala.
Estás leyendo esto por tu hijo, no por ti
Casi siempre escribe una madre. A veces un padre. Rara vez el niño.
La escena suele ser parecida: un hijo que no duerme bien, que llora más de lo habitual, que se despierta con pesadillas, que está callado desde que pasó algo en la casa, o un adolescente que se encerró en su cuarto y no quiere hablar.
Y unos padres que ya han probado cosas, que no saben si están exagerando o quedándose cortos, y que buscan a las once de la noche algo que pueda ayudar.
Te entiendo. Y por eso mismo lo primero que voy a decirte no es lo que quizá esperabas leer.
Antes que nada: si algo cambió en tu hijo, primero el pediatra
Esta es la regla más importante de todo el artículo.
Un cambio en el sueño, en la conducta, en el ánimo, en el apetito o en el rendimiento escolar de un niño se consulta primero con el pediatra. No con un terapeuta. No conmigo.
Los niños no expresan el malestar como los adultos. Un dolor puede aparecer como irritabilidad. Un problema de audición o de visión puede parecer falta de atención. Una apnea del sueño puede parecer un carácter difícil. Un cuadro de ansiedad puede parecer un capricho. Y algunas cosas que empiezan pareciendo emocionales tienen una causa física que conviene descartar.
Un pediatra sabe distinguir todo eso. Yo no, y ningún terapeuta de Reiki tampoco.
Si tu hijo está en seguimiento por psicología, psiquiatría infantil, fonoaudiología, terapia ocupacional o cualquier otra especialidad, esa ruta continúa igual. El Reiki no reemplaza ni una sesión ni un medicamento ni un control.
Lo que el Reiki no puede hacer con un niño
Lo digo con nombres concretos, porque en este terreno la ambigüedad hace daño:
- No trata el TDAH. Nada de "mejora la concentración" o "regula la atención".
- No trata el autismo. El autismo no es una enfermedad que haya que arreglar, y ninguna terapia energética actúa sobre él.
- No trata trastornos del aprendizaje, del lenguaje, del desarrollo ni del espectro sensorial.
- No trata ansiedad ni depresión infantil, que tienen abordajes propios y eficaces.
- No diagnostica nada, ni detecta nada, ni "ve" lo que le pasa a tu hijo.
- No sustituye medicación, terapia, controles ni apoyos escolares.
Si un terapeuta te insinúa cualquiera de esas cosas, o te dice que "el niño trae algo" y te ofrece resolverlo en un número determinado de sesiones, sal de ahí. Esa conversación no es cuidado, es aprovecharse de una preocupación legítima.
Entonces, ¿qué puede aportar?
Algo pequeño y honesto: un rato tranquilo, con contacto amable, en el que a nadie se le pide nada.
Un niño pasa el día siendo corregido, evaluado, apurado y organizado. Media hora en la que solo tiene que estar quieto —o ni siquiera eso— es una experiencia poco frecuente.
Lo que suelen describir las familias después es esto: el niño salió más suelto, esa noche durmió mejor, estuvo de mejor humor esa tarde. No es un tratamiento. Es un rato bueno, y los ratos buenos cuentan.
También hay un efecto lateral que a veces importa tanto como la sesión: durante esos treinta minutos, la madre o el padre también se sientan y respiran. Eso también se nota en casa.
Qué dice la evidencia, y por qué importa más aquí
Con un niño de por medio, exagerar hace más daño. Así que voy con los datos tal como están.
El NCCIH, de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, sostiene que el Reiki no ha demostrado claramente ser eficaz para ningún propósito relacionado con la salud, y que tampoco ha mostrado efectos dañinos: nccih.nih.gov/health/reiki.
La revisión Cochrane (Joyce y Herbison, 2015, CD006833) buscó ensayos sobre Reiki en ansiedad y depresión. Encontró tres, con unos 62 participantes en total, y concluyó que no hay pruebas suficientes para saber si es útil.
El metaanálisis de Liu y colaboradores (2025, Systematic Reviews 14:72), con 11 ensayos y 661 participantes, halló una mejora pequeña y estadísticamente significativa en calidad de vida (SMD = 0,28; IC 95 % 0,01–0,56), con heterogeneidad alta entre estudios (I² = 65,1 %). El metaanálisis de Demir Doğan (2018) sobre dolor encontró una señal positiva, también con limitaciones metodológicas.
Y hay un detalle que casi nadie menciona: toda esa investigación se hizo en adultos. No existe un cuerpo de evidencia comparable en población pediátrica. Cuando alguien te hable de resultados en niños, pregúntale de dónde los saca.
Lo que sí está bien establecido es que se trata de una práctica segura, en el sentido de que no administra nada, no manipula el cuerpo y no interfiere con ningún tratamiento. El riesgo está en el uso, no en la técnica.
El consentimiento del niño manda
Aquí no hay matices.
Si el niño no quiere, no hay sesión. Aunque tú hayas agendado, aunque hayas pagado, aunque hayas hecho el camino desde Envigado hasta la consulta.
Antes de empezar le explico a él, con sus palabras, qué vamos a hacer: que se va a quedar con la ropa y los zapatos puestos, que puede estar sentado o acostado, que voy a poner las manos cerca o encima de sus hombros o su espalda, que puede decir "para" cuando quiera y paramos.
Y le pregunto si le parece bien. Si dice que no, no pasa nada. A veces se sientan a mirar mientras la sesión se la hago a la mamá, y a la siguiente visita quieren probar.
Un niño que aprende que su "no" se respeta en el cuerpo aprende algo mucho más valioso que cualquier sesión.
Un adulto presente durante toda la sesión. Siempre.
Sin excepciones y sin discusión.
Tú, o el adulto responsable, permaneces en la sala de principio a fin. No en la sala de espera. No al otro lado de la puerta. Dentro.
Si un terapeuta te pide salir, o sugiere que "el niño se relaja más sin la mamá", esa es una señal de alarma seria y suficiente para levantarte e irte. No hay ninguna razón legítima para que un menor quede a solas con un terapeuta.
Añado el resto de las condiciones que aplico:
- El niño permanece vestido, con calzado si quiere.
- El contacto, si lo hay, es en hombros, espalda alta, brazos, manos, pies o cabeza. Nada más.
- Nunca hay contacto en el tronco, el abdomen ni ninguna zona íntima.
- La puerta puede quedar entreabierta si eso da tranquilidad.
- Todo lo que el niño cuente, lo cuenta contigo delante.
Cómo se adapta la sesión según la edad
| Edad | Duración orientativa | Formato | Quién está |
|---|---|---|---|
| Menos de 5 años | 10–15 min, o menos | En brazos, jugando, sin exigir quietud | Madre o padre, siempre |
| 6 a 9 años | 15–20 min | Sentado o acostado, se le explica todo | Madre o padre, en la sala |
| 10 a 12 años | 20–30 min | Camilla, ya entiende y decide | Adulto presente |
| Adolescente | 30–45 min | Como un adulto, con su privacidad | Adulto en la sala, discreto |
Los tiempos son orientativos. Un niño de siete años que a los diez minutos ya quiere levantarse, se levanta. No se negocia con un niño para que aguante más.
Adolescentes: otro tema
Con un adolescente cambia casi todo.
Lo primero: normalmente no quiere estar ahí. Vino porque lo trajeron. Es fundamental que lo diga en voz alta si es el caso, y que se le permita decidir.
Lo segundo: necesita cierta privacidad. Sigue habiendo un adulto en la sala, pero no encima. La conversación previa puede ser breve o puede no existir, y está bien.
Lo tercero, y lo más importante: si un adolescente está muy mal —tristeza sostenida, aislamiento, cambios bruscos, autolesiones o cualquier señal que te asuste—, eso no es terreno de una terapia complementaria. Es una consulta con salud mental infantojuvenil, y cuanto antes mejor. Si en algún momento aparece esa preocupación, deja este artículo y llama al pediatra o al profesional que lo atienda.
En Colombia puedes orientarte con el Ministerio de Salud sobre las rutas de atención en salud mental.
Cómo es una sesión con un niño en mi consulta
Es bastante menos solemne de lo que la gente imagina.
Los niños pequeños casi nunca se quedan quietos, y no hace falta que lo hagan. He hecho sesiones con un niño sentado en el piso armando algo, con la mamá al lado y yo con las manos cerca de su espalda. Duran lo que duran.
Con los de ocho o nueve años funciona explicar todo antes, sin misterio, y dejar que toquen la camilla y decidan si se acuestan o se sientan. Suelen preguntar cosas muy directas, del tipo "¿esto duele?" o "¿me vas a leer la mente?". Se responde con la verdad: no duele, y no.
En Medellín he tenido varias tardes en las que la sesión terminó siendo para la madre, con el niño mirando, y esa era exactamente la sesión que hacía falta. En Santa Elena, algunas familias suben el fin de semana y los niños se pasan la hora entre los árboles: el bosque hace bastante del trabajo.
Nunca hago comentarios sobre el carácter de un niño delante de él. Nunca digo que "trae algo". Nunca interpreto un dibujo, un gesto ni un silencio. Y si en una conversación aparece algo que me preocupa, se lo digo a los padres y les recomiendo consultarlo con un profesional.
Si quieres leer cómo trabajo en general, está en la página de la terapia, y sobre cómo distinguir a un terapeuta serio, en cómo elegir terapeuta.
Preguntas frecuentes
¿Desde qué edad se puede recibir Reiki? No hay una edad mínima como tal, porque es una práctica no invasiva, pero en la práctica lo que cambia es el formato. Con niños muy pequeños se trabaja en brazos de la madre, unos minutos, sin pedir quietud. Lo relevante no es la edad sino que el niño esté cómodo, que un adulto esté presente y que cualquier síntoma se haya consultado antes con el pediatra.
Mi hijo no duerme bien. ¿El Reiki puede ayudarle? Lo primero es el pediatra, siempre: hay causas de sueño alterado en la infancia que tienen tratamiento concreto, desde apneas hasta ansiedad. Una vez descartado eso, una sesión corta puede acompañar la calma de la noche, sin promesas. Lo que más ayuda en general son las rutinas, las pantallas fuera del cuarto y un adulto tranquilo cerca. Sobre el sueño escribí también en Reiki para el insomnio.
¿Puedo aprender Reiki para dárselo a mi hijo en casa? Muchas madres y padres lo plantean, y la parte valiosa de esa pregunta es el impulso: querer poner las manos con calma sobre tu hijo. Eso, con o sin formación, ya tiene sentido en una casa. Si decides formarte, hazlo por el camino serio y sin expectativas terapéuticas: no vas a tratar nada, vas a acompañar un rato.
Mi hijo tiene un diagnóstico. ¿Esto le puede servir de algo? Puede ofrecerle un rato de calma, igual que a cualquier otro niño. Lo que no va a hacer es actuar sobre el diagnóstico ni reducir la necesidad de sus terapias, apoyos o medicación. Si alguien te dice lo contrario, no es de fiar. Cuéntale al profesional que lo atiende que estás pensando en esto: es información que le sirve.
¿Y si mi hijo se pone a llorar durante la sesión? Se para la sesión. Se le abraza, o se le deja tranquilo, según lo que necesite. No se interpreta como "liberación" ni como parte de un proceso: es un niño que no está cómodo, y eso basta para detenerse. Si el llanto o el malestar se repiten, coméntalo con el pediatra.
Aviso
La información de este artículo tiene fines educativos y no reemplaza el diagnóstico, el tratamiento ni el seguimiento de un profesional de la salud. El Reiki es una práctica complementaria: acompaña, no sustituye. Si estás en tratamiento médico o psicológico, continúalo y consulta a tu profesional tratante antes de incorporar cualquier terapia complementaria.
Si estás dándole vueltas a esto por tu hijo, escríbeme por WhatsApp al +57 314 811 7561 y lo hablamos antes de agendar nada. Si lo que hace falta es otra cosa, te lo voy a decir.
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Escrito por
Sananda Reiki
Acompañamiento espiritual y terapias de Reiki en Medellín y online.
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