No, no duele. No, no te desvistes. El contacto es suave y es opcional. Llorar es frecuente y no tiene nada de malo. No sentir nada también es normal. Y no, no necesitas creer en nada para recibir una sesión. Ahora vamos una por una, con calma y sin rodeos.
Estas son las preguntas que la gente me hace mirando al suelo, o por WhatsApp a las once de la noche, o justo cuando ya se está poniendo los zapatos para irse.
Ninguna es tonta. Todas merecen respuesta.
¿El Reiki duele?
No.
No hay presión, ni maniobras, ni estiramientos, ni manipulación de tejidos. Las manos se apoyan quietas o se sostienen a unos centímetros. Nada más.
Lo único que a veces incomoda es estar mucho rato en la misma postura. Por eso hay almohada bajo las rodillas y por eso puedes moverte cuando quieras: no tienes que quedarte inmóvil.
Si algo te molesta —una posición, una mano, el frío— lo dices y se ajusta. No hay que aguantar nada. Que una sesión duela sería señal de que algo está mal hecho.
Por si ayuda saberlo: el NCCIH, del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, señala que el Reiki no ha mostrado tener efectos dañinos. Es una práctica suave y no invasiva.
¿Me tengo que desvestir?
No. Nunca.
El Reiki se recibe con la ropa puesta, siempre. Se quitan los zapatos y, si molestan, el reloj, las gafas o accesorios metálicos. Eso es todo.
Si algún terapeuta te pide que te quites ropa para recibir Reiki, esa es una señal de alarma clara. No es parte de la práctica. Levántate y vete.
Lo que sí ayuda es venir con ropa cómoda: nada apretado en la cintura o en el cuello, porque vas a estar una hora recostado.
¿Me van a tocar? ¿Dónde exactamente?
Sí, si tú quieres. Y solo donde acordamos.
El contacto habitual es un apoyo quieto en: cabeza, hombros, esternón, abdomen, brazos, rodillas y pies. Sin deslizar, sin presionar, sin masajear.
Y hay zonas donde nunca hay contacto: zonas genitales, glúteos, y el pecho de una mujer. En esas áreas se trabaja siempre a distancia, sin excepción y sin necesidad de que lo pidas.
Si prefieres que no haya contacto en ningún momento, se trabaja con las manos a pocos centímetros del cuerpo durante toda la sesión. Es igual de válido y no tienes que explicar por qué.
Lo digo con la mayor claridad posible: tú decides antes, y puedes cambiar de opinión en cualquier momento. Basta con decir "sin contacto" y se cambia sin comentarios.
¿Y si me pongo a llorar delante de un desconocido?
Pasa a muchísima gente. Y no pasa nada.
Cuando un cuerpo que lleva meses en alerta se relaja de verdad, aparece lo que ese estado de alerta estaba conteniendo. A veces eso es una lágrima. A veces es un suspiro enorme, una risa nerviosa o un nudo en la garganta.
No es una crisis ni una señal de que algo grave está saliendo. Es un cuerpo que encontró un lugar seguro para soltar.
Lo que yo hago si lloras es lo mismo que hago si no lloras: seguir ahí, en silencio, sin sacar conclusiones. No te voy a preguntar qué te pasa. No te voy a interpretar el llanto ni a decirte qué significa. Y hay pañuelos a mano.
Si al terminar quieres hablar, hablamos. Si prefieres no decir una palabra, eso también está bien.
¿Y si no siento nada? ¿Voy a quedar mal?
No vas a quedar mal, porque no hay nada que aprobar.
Hay personas que sienten calor, hormigueo o peso desde el primer minuto. Hay personas que sienten solo silencio. Y las hay que se duermen y no recuerdan nada.
No sentir nada no significa que no sirva. Significa que tu forma de recibir es más callada, o que llegaste tan cansado que el cuerpo se dedicó únicamente a descansar.
Hay además una trampa habitual: estar tan pendiente de si sientes algo que la propia vigilancia lo impide. Como intentar dormirse revisando cada minuto si te dormiste.
Mi sugerencia: no busques nada la primera vez. Lo desarrollo en qué se siente en una sesión de Reiki.
¿Tengo que creer en algo?
No.
No necesitas creer en el Reiki, ni en la energía vital, ni en Dios, ni en los maestros ascendidos. Tampoco tienes que dejar de creer en lo que crees.
Yo trabajo desde una mirada cristiana y mística, con el linaje de Mikao Usui y el acompañamiento de los maestros y los arcángeles. Es mi camino y lo cuento cuando alguien pregunta. No lo predico, no lo impongo y no lo doy por supuesto.
Tu sistema de creencias es tuyo. El libre albedrío no es una frase bonita: es la condición de todo lo que hacemos aquí.
Si eres ateo, agnóstico, católico practicante, budista o simplemente no lo has pensado, la sesión es exactamente la misma. Puedes venir a descansar una hora y nada más. Es suficiente.
Las que casi nadie escribe pero todo el mundo piensa
| La duda | La respuesta corta |
|---|---|
| ¿Y si me duermo y ronco? | Ronca tranquilo. Pasa constantemente y no interrumpe nada. |
| ¿Y si me suenan las tripas o tengo gases? | Es de las cosas más comunes. Suele significar que el cuerpo se está soltando. Nadie comenta nada. |
| ¿Y si vengo del trabajo y no me he bañado? | No importa. Vienes como puedas venir. |
| ¿Puedo ir con la menstruación? | Sí, sin ninguna restricción. Si hay molestia, se cuida esa zona o se trabaja sin contacto. |
| ¿Y si me da un ataque de risa? | Ríete. La risa nerviosa es una descarga como cualquier otra. |
| ¿Me van a leer la mente o a ver mi pasado? | No. Yo no leo mentes, no adivino y no te voy a decir cosas sobre tu vida que no me hayas contado. |
| ¿Tengo que contar mi vida entera? | No. Cuentas lo que quieras. Con "vengo porque no estoy durmiendo" es suficiente. |
| ¿Y si me da mucho frío? | Pide una manta. Siempre hay una. Bajar el ritmo suele dar algo de frío. |
| ¿Puedo ir maquillada? | Sí. Solo ten en cuenta que puede haber contacto suave en la frente y las sienes. |
| ¿Y si me incomoda estar a solas con alguien? | Puedes venir acompañado; esa persona espera al lado o, si lo necesitas, se queda en la sala en silencio. |
¿Y si quiero parar a la mitad?
Se para. En el segundo en que lo digas.
No hay que terminar nada, no hay procesos que se dañen a medias, no hay canales que queden abiertos. Eso no existe y quien te lo diga está usando el miedo.
Puedes parar porque estás incómodo, porque te aburriste, porque no te está gustando o porque no sabes explicarlo. Todas son razones suficientes.
Y no hay insistencia. Si un terapeuta te dice "aguanta un poco más, justo ahora estaba pasando algo", eso ya te dice quién tienes delante.
Lo que veo en la consulta
Hay una escena que se repite y que me enterneció desde el principio.
Alguien termina la sesión, se sienta en el borde de la camilla, se pone los zapatos despacio y, en la puerta, ya con la mano en el picaporte, dice: "una última cosita".
Y ahí llega la pregunta de verdad. La que traía desde el principio. Casi siempre es una de estas: si es normal haber llorado, si es raro no haber sentido nada, o si esto va contra su religión.
Por eso escribí este artículo. Para que no tengas que esperar a estar en la puerta.
En Medellín me pasa además algo curioso: la gente pregunta más por WhatsApp que en persona. Y está bien. Si te resulta más fácil escribir la duda que decirla, escríbela. Se responde igual.
Preguntas frecuentes
¿Es raro estar a solas en una habitación con un terapeuta? Es una preocupación razonable y la respeto. Puedes venir acompañado, pedir que la puerta quede entreabierta, preguntar antes por escrito cómo es la sesión y avisar a alguien de dónde estás. Un terapeuta serio recibe esas condiciones con naturalidad. Si alguien las toma a mal, esa reacción ya es la información que necesitas.
¿Puedo grabar la sesión o dejar el teléfono cerca? Puedes tener el teléfono cerca en silencio si eso te da tranquilidad. Grabar una sesión completa aporta poco —hay largos silencios— pero si te ayuda a sentirte seguro, se puede conversar. Lo importante es que llegues sin la sensación de estar entregando el control de nada.
¿Y si tengo un ataque de ansiedad durante la sesión? Paramos, te incorporas, abrimos una ventana y respiramos. No hay drama. Si te ocurre con frecuencia, coméntamelo antes de empezar para preparar la sesión de otra forma: más corta, sentado o sin contacto. Y si la ansiedad es intensa o recurrente, eso corresponde a un profesional de salud mental además del acompañamiento.
¿Me van a decir que deje mi medicación o mi terapia? No, nunca. Sería una falta grave. El Reiki acompaña y no reemplaza ningún tratamiento médico o psicológico. Si un terapeuta de cualquier disciplina te sugiere ajustar o suspender medicación, aléjate y coméntaselo a tu médico. Puedes leer los límites en contraindicaciones del Reiki.
¿Y si soy hombre? Siento que esto es "cosa de mujeres". A mi consulta llegan bastantes hombres, casi siempre por lo mismo: no duermen, están agotados o pasaron por algo duro. Muchos llegan por insistencia de alguien y con cara de no saber qué hacen ahí. El pudor se va rápido cuando descubren que aquí nadie les pide que hablen de sus sentimientos ni que crean nada.
¿Cómo sé si el terapeuta es de fiar antes de ir? Escribe y pregunta: dónde se formó, con qué linaje, si trabaja con contacto o sin él, cuánto dura la sesión y cuánto cuesta. Las respuestas claras y sin evasivas ya dicen mucho. Las señales de alarma son promesas de curación, presión para comprar paquetes y cualquier comentario sobre tu medicación. Lo detallo en cómo elegir un terapeuta de Reiki.
Si te quedó una duda que no está aquí, escríbela sin filtro por WhatsApp al +57 314 811 7561 o desde contacto. No hay preguntas incómodas: hay preguntas que nadie había respondido todavía.
Y si quieres ver el recorrido completo antes de decidir, empieza por tu primera sesión paso a paso.
Aviso
La información de este artículo tiene fines educativos y no reemplaza el diagnóstico, el tratamiento ni el seguimiento de un profesional de la salud. El Reiki es una práctica complementaria: acompaña, no sustituye. Si estás en tratamiento médico o psicológico, continúalo y consulta a tu profesional tratante antes de incorporar cualquier terapia complementaria.
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Escrito por
Sananda Reiki
Acompañamiento espiritual y terapias de Reiki en Medellín y online.
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